Mexicanas en el Arte: Lilia Carrillo

Durante los años 40’s y 50’s, el arte en México vivió ese período que ahora conocemos como la Ruptura, de donde se destacan diversos artistas que hasta ahora siguen siendo recordados.

Esta corriente artística se caracterizó por dejar de lado las cuestiones estéticas en las obras, y plasmar las emociones que los autores pretendían compartir. Se buscaba establecer un nuevo orden en el cada artista se pudo encontrar. Tal fue el caso de Lilia Carrillo, una pintora que utilizó el lienzo en blanco para bosquejar sus trazos según le dictaban sus sentimientos.

Nacida en la Ciudad de México el 2 de Noviembre de 1930, y a los 17 años comenzó su formación en pintura, siendo instruida por Agustín Lazo. En 1953, gracias a una beca obtenida para completar sus estudios en París en la Academia de la Grande Chaumiere de la cual se graduó, para ese entonces su obra ya se caracterizaba por ese estilo abstracto que la caracterizaría por siempre.

Terminó su carrera en París y en 1955 regresó a México, dos años después comenzó a exponer su obra en la galería Antonio Souza. Fue a partir de la década de los sesenta que su obra fue llegando a importantes recintos internacionales, como en Nueva York, Madrid, Barcelona y Tokio.

En 1966, el Palacio de Bellas Artes presentó una exposición titulada Confrontación 66, la cual generó un enfrentamiento entre los representantes de la Escuela Mexicana de Pintura y los representantes de las nuevas tendencias, las cuáles estaban más abiertas a los estilos internacionales. La obra de Lilia Carrillo fue parte de la exposición y fue a partir de ahí que dichos representantes de las nuevas tendencias se organizaron en grupo y crearon la antes mencionada Generación de la Ruptura.

Dentro de la corriente, Lilia fue considerada la persona que introdujo el informalismo abstracto en México.

Jaime Moreno Villarreal escribió un libro sobre la vida de Lilia Carrillo el cual comienza de la siguiente manera: Posó una mano sobre el escote con un gesto recatado que era también de afirmación, como si dijera simplemente: yo. El autor relata que quienes convivieron con ella, al recordarla, siempre mencionan sus ojos grandes y expresivos, pero inmediatamente después, su silencio.

La pintura de Lilia se centraba en su yo interno, donde el lenguaje de las figuras es restado, y en su lugar estas son reemplazadas por las manchas, los trazos, los destellos; para que de esta manera el lenguaje del silencio tenga una presencia, junto con la pausa y el acallamiento poético.

Compartió su vida con el también pintor y además escultor Manuel Felguérez y, a raíz de una caída que sufrió en 1951, veinte años después padecería un aneurisma en la médula espinal. Murió en 1974 a los 43 años, luego de hospitalizaciones y atenciones médicas, no sin antes dejar su última obra a la que nombró Inconclusa.

Aunque su imagen no ha quedado tan presente en el mundo del arte mexicano, siempre fue y será recordada como la precursora del arte abstracto en México.

 

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