Mexicanas en el Arte: Elena Huerta y la cosecha de su propio camino

“La Nena Huerta”, como fue llamada en su natal Saltillo, fue una artista que demostró la capacidad de encontrar sus propias posibilidades para desarrollarse.

Elena Huerta Muzquiz nació el 15 de julio de 1908 en Saltillo Coahuila, fue hija de una familia importante pues su padre y abuelo fungieron como gobernadores interinos de Coahuila a finales del siglo 19.

Siendo aún muy joven, su padre murió y su situación económica se vio afectada, por lo que comenzó a trabajar en puestos simples para pagar su educación artística. Comenzó en la Academia de Pintura de Rubén Herrera en Saltillo y después de cuatro años la acreditaron como “apta para la enseñanza del dibujo” y en 1927 se mudó a la capital del país, donde ingresaría a la Academia de San Carlos y viviría de cerca la realidad social y política que atravesaba México durante esa época. De esta manera, se convirtió en activista del Partido Comunista Mexicano, por lo cual sus opiniones políticas siempre fueron fuertes y así se mantuvieron toda su vida.

Durante la mayor parte de su vida laboral, Huerta se dedicó a enseñar, especialmente dibujo y pintura.​ Aunque no fue fácil, Elena consiguió la oportunidad de trabajar para el Departamento Universitario de Bellas Artes enseñando dibujo y trabajos manuales en escuelas primarias​. Fue hasta ese momento cuando entró en contacto directo con el medio artístico, donde el muralismo estaba en su máximo auge y era un gran vehículo para la educación y muchos de sus colegas eran encomendados para realizar murales en las escuelas, sin embargo su trabajo se limitó únicamente a la enseñanza dentro del aula.

Tiempo después, al ser comisionada para un trabajo de teatro con títeres formó parte de los fundadores del teatro guiñol junto con Germán y Lola Cueto, dedicándole algunos años de su vida mientras ingresaba como artista visitante al Taller de Gráfica Popular.

Por problemas de salud, tuvo que abandonar el taller y su trabajo con el teatro de títeres u viajar a la ex Unión Soviética, ahí permaneció desde 1941 hasta 1946 y al regresar a México en 1948 obtuvo una plaza como profesora a de dibujo en la Sección de Enseñanzas Artísticas, que dependía del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y en 1949 fue nombrada jefa de la sección de exposiciones en el Departamento de Artes Plásticas, donde se encargaba de los trabajos de orientación estética en el Museo de Artes Plásticas. Al mismo tiempo que esto se dió lugar, Elena ingresó -ahora sí- de manera formal al Taller de Gráfica Popular.

Fue a partir de ahí que decidió comenzar a trabajar de manera audaz y solitaria para incursionar en el muralismo, pues seguían siendo los hombres quienes ganaban el terreno en esa herramienta de expresión. Después de buscar espacios y tocar puertas donde se le permitiera expresarse a través de los murales, y aunque no fue fácil y requirió mucho tiempo, fue en 1952 que gracias a su persistencia, encontró un lugar y pintó tres murales en su ciudad natal, Saltillo: uno en la Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro (ahora nombrada la Universidad Autónoma Agraria), el Instituto de Ciencias y Artes de Saltillo (hoy en día el Tecnológico de Saltillo) y el último en las instalaciones del Ayuntamiento de Saltillo, ahora Centro Cultural Vito Alessio Robles.

Éste último podría decirse que es el más importante, pues a pesar de tener 65 años y estar ya instalada y jubilada en Monterrey, decidió aceptar la comisión y pintar en aproximadamente 500m2  la historia de Saltillo.

Elena Huerta demostró toda su vida el significado real de trabajar por sus sueños, pues a pesar de los sacrificios que tuvo que realizar, finalmente logró abrirse paso en un momento en que el arte en México aún estaba dominado por los hombres.

 

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