Un TREN para LUNA: Teatro para la infancia de todos

La infancia es ese tesoro enterrado que todos tenemos guardado en alguna isla perdida. Cuando encontramos el mapa que nos lleva a redescubrirlo, recuperamos una riqueza inigualable.

Esa es la sensación que queda luego de ver “Un TREN para LUNA”, obra que nos trae la compañía teatral Última Fila (FB @ultimafilateatro) integrada por Roberto Belmont (actor), Eduardo Gómez (actor), Mauricio Caballero (música), Carlos Rocha( productor), Mariana Rosales(asistente de dirección), Daniela Jérez (actriz) y Marisol Paredes (actriz).  

Escrita por cada uno de ellos y dirigida por Ray Garduño, Un TREN para LUNA nos cuenta la historia de Metz, una niña de nueve años que ama jugar con su hermano y su abuelo. Sin embargo, todo cambia cuando la vida adulta y sus problemas se entre cruzan con el mundo de fantasía e imaginación que Metz comparte con su abuelo.  En palabras de sus creadores “Un tren para luna es un homenaje a los niños que fuimos y a los abuelos que conocimos o quisimos conocer más”.

 

En entrevista con Última Fila platicamos sobre esta entrañable obra teatral para niños de todas las edades, que seguramente tocarán tu memoria e infancia, de la que podrás disfrutar de la única función abierta para público general en este año el próximo domingo 25 de Noviembre a las 18:00 hrs en la Casa de la Cultura.

¿Cuál es el inicio de Última Fila?

Robin: La compañía inició hace cerca de 3 años, cuando Eduardo, Mauricio y yo teníamos la inquietud de hacer una obra juntos. Con el apoyo de una beca PECDA hicimos “Estudio de una Depresión”, que sería nuestra primer obra de la compañía, la cual ganó en la Muestra Estatal de Teatro, luego la Muestra Regional de Teatro y participó en la Muestra Nacional. En el camino, conocimos a los que ahora son nuestro productor, Carlos Rocha, y a la asistente de dirección, Mariana Rosales. Finalmente se integraron Marisol Paredes y Daniela Jerez.  

Todos compartíamos la inquietud de seguir trabajando con  obras que fueran honestas y reflexivas que tocaran al público.

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¿Cómo es que se escribió un TREN para LUNA?

Daniela: Originalmente todo empezó con otra obra que teníamos, proyectado como teatro comunitario que se representaría en varias zonas de la ciudad. El argumento era más o menos la misma historia de una niña y su abuelo. Después decidimos cambiarlo a Teatro Escolar y para ello lo adaptamos a otro formato. De ahí todos juntos empezamos a soltar lluvia de ideas, donde cada uno iba aportando desde sus recuerdos o experiencias.  En ese proceso fue importante la ayuda de nuestro productor Carlos Rocha, que como escritor ligaba todas estas ideas para darles forma.

Marisol: Además, la historia de Un TREN para LUNA no terminó de aterrizar hasta que contamos con la ayuda de nuestro director, Ray Garduño, que identificó todas estas dificultades para ligar las ideas y conjuntarlas en una sola obra.

Carlos: Antes de que Ray llegará, contábamos con dos versiones del texto: una que por melodramática -en la que siempre había alguien llorando- tenía muchas cosas que sobraban, y otra que por muy condensada le faltaban detalles. Además de la Dirección de la obra, Ray nos apoyó reescribiendo la dramaturgia.

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¿Por qué decidieron escribir una obra escolar? y ¿Cuál es la importancia de acercar al teatro a una generación de jóvenes espectadores que es sumamente digital?

Mariana: Partimos de experiencias y recuerdos personales para acercarnos hacia una historia que el director nos ayudó a ver, que nos permitiera entender a nuestro niño de antes y darle gusto, ya que dándonos gusto en nuestra infancia entendemos a los niños de ahora y aprendemos a acercarnos a ellos.

Por otra parte, acercar el teatro a los niños que crecen en una época globalizada y digital, sería ligar a la obra las emociones, permitirnos tener ese contacto con nosotros mismos; el tiempo que nos queda no es tanto como el que pensamos y si se nos va la vida viendo pantallas, ensimismados, nos perderemos de cosas importantes. Reconectarnos con nuestra parte más humana,  no es un trabajo solo del teatro, sino del arte en general.

Robin: Una cosa que nos compartió Ray es que él no hace teatro para niños, sino para la infancia. Gran parte de lo que nos movió fue la experiencia que de niños tuvimos nosotros con el Teatro Escolar. Creo que como compañía teníamos claro el querer darles un buen producto a los chicos, porque eso genera un nuevo público que quizá después se vuelvan los nuevos actores o directores. En los 90´s , cuando el Teatro Escolar funcionaba, eso pasó con nosotros o compañeros que actualmente se dedican al teatro.

Marisol: Esta obra mueve y remueve emociones. El sistema nos tiene bastante reprimidos, y a veces los mismos papás reprimen emocionalmente a los niños. Nos ha pasado que hay niños de primaria que vienen y salen hechos un mar de lágrimas; hay otros que se tapan para que no los vean llorar. Por eso a veces hablamos con ellos y les decimos que llorar no esta mal y limpia el alma. Estos mensajes ayudan mucho familiarmente, el saber que en el teatro o en la vida -porque el teatro es como la vida- se vale llorar. Hay veces que el impacto es tanto en ellos, que nos buscan en redes sociales para agradecernos por la obra. Y hay veces que a través de las redes digitales no se da esa relación tan humana, por eso nos gusta enfocarnos en los niños, porque son los que vienen atrás y hay que dejar buenos cimientos.

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¿Qué tanto conectaron con su infancia con esta obra?

Robin:  Hay un montón de guiños en Un TREN para LUNA. La obra es un homenaje a nuestros abuelos de todos nosotros y se presentan en varias maneras: desde los oficios que tuvieron hasta las enfermedades. Por eso la dedicamos con la frase “a los abuelos que conocimos o quisimos conocer más”. En ese sentido, conectábamos con nuestro pasado y nuestra infancia.

En los ensayos jugábamos al fútbol, a las escondidas o a los quemados. Volvimos a sentir esa niñez dentro del teatro, aún cuando el teatro es un juego. Nuestro director nos guió a reencontrarnos con esa niñez a través del juego, y creo que lo logramos, pues cada uno tiene momentos que dejamos dentro de la obra que vamos reconociendo cuando se representan en escena.

 Daniela:  Para mi fue raro pues nunca había actuado. Me dejé empapar por el proceso de jugar y quitarme condicionamientos propios de cualquier cosa técnica. Me permití jugar y creermela, recordarme como niña.

 

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