Actos de micromachismo a los cuáles debemos decirles adiós

Actualmente, vivimos una era en la que cada acto realizado por una u otra persona podría significar una revolución.

Justo en estos momentos de cambios y luchas para conseguir la equidad entre derechos para hombres y mujeres, y es que aunque parezca complicado establecer un equilibrio entre lo que nuestro entorno considera bien o mal, consideramos que siempre existe una línea que delimita si las intenciones de ciertos comentarios son malvadas.

Para que todos contribuyamos a un cambio en el que poco a poco todas las personas tengan las mismas oportunidades, hay que comenzar por plantearnos nuestras actitudes hacia los demás. De nada sirve ser una persona cuyo único tema de conversación es cómo lucen y qué hacen las demás personas, ¿no crees? Por esta razón y porque -seguramente- todos queremos un mejor lugar para vivir, aquí mencionaremos algunas conductas que tanto nuestra educación como sociedad -instruida principalmente por los productos de la industria cultural- nos han llevado a colocar a la mujer en situaciones no benéficas para ellas en ámbitos culturales, económicos, políticos, etc.

-Juzgar la apariencia o forma de vestir.

Lamentablemente, este primer punto no difiere de géneros, y tanto hombres como mujeres hemos caído en la trampa de juzgar la forma de vestir de una chica, utilizando términos como “vulgar” o “fácil”, y adjudicando dichas formas a un interés sexual por parte de ella.

-Establecer roles de género

Es común observar en medios de comunicación y publicidad contenidos que indican cuáles deben de ser los comportamientos de las personas, con el simple fin de vender productos o servicios. Ejemplos claros son las veces en las que cadenas de ropa, supermercados y una infinidad de lugares han emitido mensajes a través de ofertas en las que aseguran que ciertas cosas son de una manera en específico: ofertas para las mamás en productos para la limpieza del hogar, o camisetas para bebés con estampados en donde se relacionan ciertos adjetivos con los géneros. Ante estos casos afortunadamente ha habido respuestas que hacen que los emisores de los mensajes se reeplanteen sus formas de difusión y tomen cartas en el asunto.

-Considerar que cuando un hombre hace las tareas del hogar está “ayudando” o que no hizo ciertas cosas porque “no se lo pidieron”, es también un acto de micromachismo, pues es más que evidente que en la cultura en la que vivimos son las mujeres las encargadas del hogar, y si bien se ha roto poco a poco con ese estereotipo, el error sigue estando en que los hombres consideran que están “ayudando” a las mujeres con dichas tareas, cuando no debería ser un acto a destacar, sino simplemente algo normal, una tarea como cualquier otra que realizas por vivir o trabajar en ese espacio, no por ayudar a la mujer y hacer “su carga menos pesada”.

-Mansplaining

Pensando un poco más en lo que esta práctica implica, descubrimos acciones que puedan entrar en el concepto y que suelen ser más comunes y menos evidentes. El mansplaining, supone ser la acción de un hombre corrigiendo o explicando sobre cierto tema a una mujer, cuando no fue requerido. Sin embargo, algunos derivados de este son cuando, por ejemplo, en una conversación de repente se deja de lado a las mujeres presentes y se vuelve una plática de varones, o cuando se resalta que una mujer sepa de ciertos temas, volviéndose algo sorprendente.

 

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