Conoce la experiencia de beneficiados con el Programa de Movilidad

En la actualidad, realizar un viaje incluso fuera del país es mucho más fácil de lo que años atrás se pensaba.

Además de que ahora los precios son relativamente más bajos y la mayoría de las personas tenemos una visión e intereses más globales, existen decenas de programas que permiten a las personas conocer distintas partes del mundo de manera mucho más accesible, desde becas para estudiar un idioma, cursos para aprender un oficio o programas de voluntariado.

Es tal el caso de la administración del Ayuntamiento de Aguascalientes que desde el año pasado le dio la oportunidad a 400 jóvenes de participar en un programa de movilidad de servicio social en distintos países del mundo durante dos semanas del verano.

Este año la convocatoria se lanzó nuevamente y nuevos jóvenes podrán tener la experiencia de conocer distintas partes del mundo y nuevas personas de distintas culturas, pues los programas de servicio social se lanzan no solo aquí en Aguascalientes sino en otras ciudades, de esta manera jóvenes de distintos países se reúnen en un punto a realizar actividades que otorguen un beneficio a otras personas.

Reunimos algunos testimonios de personas que tuvieron la oportunidad de ser seleccionadas en el Programa de Movilidad 2018 y aquí puedes leer sus experiencias.

Antonio Roldan Díaz de la Vega

El verano pasado fui acreedor de una de las 400 becas de movilidad que otorgo el gobierno del municipio de Aguascalientes. El programa en el cual fui parte, se llamo IBG15 Willstätt, este programa tuvo lugar en un pequeño pueblo al sur de Alemania, muy cercano a la ciudad francesa llamada Strassbourg. La actividad que desempeñé en este curso fue la restauración de un cercado de madera del kínder del pueblo. Este programa duró 2 semanas en las que vivimos en la estación de bomberos del pueblo. Gracias a este programa conocí mucha gente que ahora los puedo llamar amigos, entre ellos estaban 2 niñas de China, una de Corea, una de España, una de Italia, una de México y 2 jóvenes de Turquía. Además del instructor que era italiano. Todos estábamos entre los 18 y 22 años. Por lo mismo se creó un buen grupo en el que nos las pasamos súper bien. Todos los días después de las 6 horas de trabajo tallando, cepillando y pintando la cerca de madera, nos regresábamos a nuestro hogar temporal y hacíamos de comer, todos ayudábamos a cocinar y sacábamos nuestras recetas para hacer platillos de las diferentes naciones. Realizábamos diferentes actividades de grupo todos los días, y en realidad puedo decir que han sido de los mejores días de mi vida. Muchas experiencias nuevas y recuerdos inolvidables. Entre las actividades que hacíamos era salir a caminar y conocer el pueblo, hacer karaoke, jugar distintos juegos, escalar el bosque negro, ir al súper mercado, ir a comer a restaurantes locales entre otras actividades. También los fines de semana descansábamos de la labor, y en uno de los fines realizamos un viaje a Francia, a la ciudad de Strassbourg en el que presenciamos la final del Mundial 2018 en Rusia, donde Francia y Croacia eran los finalistas, asistimos a un fan fest en la ciudad y vimos el partido. Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. En realidad, me la pase muy bien, si tuviera la oportunidad de regresar el tiempo lo haría y disfrutaría cada día de esa experiencia. Se hizo una convivencia súper padre entre el grupo y fue muy difícil la partida. Considero que son oportunidades únicas que hay en la vida y estoy muy agradecido por haberla vivido. La finalidad de estas becas es que los jóvenes aprendan de otras culturas y crezcan personalmente, ya que vives de todo, momentos de alegría, de tensión, de tristeza y generas una maduración en el sentido que tienes que ver por ti mismo y afrontar las barreras del idioma, de cultura y aprender a moverte para llegar a tu destino.

Sin duda han sido de los mejores días que he tenido y son experiencias que se quedan grabadas en mi persona, recordar es volver a vivir y cada que me acuerdo o hablo con mis amigos del campamento no hay manera que no me ponga feliz.

Aylín Valeria López López

El workcamp al que asistí se desarrolló en una reserva natural llamada De Hoge Rielen, ubicada en Kasterlee, Bélgica, muy cerca de Amberes, una de las ciudades más importantes de dicho país. Durante 2 semanas, me encontré sumergida en el bosque, durmiendo en una pequeña casa de campaña, desconecta de las redes sociales y por lo tanto, de mis amigos y familia. A pesar de que el idioma que los workcamps solicitan es el inglés, cuando llegas a la comunidad las personas locales se comunican entre sí a través de su lengua materna, esto puede ser visto como un problema pero también como una experiencia bastante divertida, en mi caso la mayor parte del tiempo no entendía lo que decían, esto me llevó a centrar mi atención en el lenguaje corporal y en todas aquellas expresiones no verbales que las personas emitían durante sus interacciones, me hizo darme cuenta lo similares que somos entre nosotros y lo universales que son las emociones, quizá no podía reconocer los significados de sus palabras, sin embargo, lo que sí podía reconocer era la alegría, el enojo, la tristeza y demás estados de ánimo que las personas experimentaban. Además, esta experiencia me permitió restructurar mi concepto de soledad, siempre me ha gustado pasar tiempo a solas, ir a ciudades y conocer distintos lugares por mi cuenta, sin embargo, lo que experimenté allá fue algo muy distinto, estar desconectada de mi lengua, de mi familia, de mis amigos me permitió conectarme de un modo más profundo conmigo misma, me di cuenta de las capacidades de adaptación con las que cuento, de lo abrumador que a veces puede resultar el no comunicar tus pensamientos y sentimientos, entre otras tantas reflexiones que tuve acerca de mí misma, concluyo al decir que no cambiaría una sola cosa de lo que viví, esta experiencia revolucionó mi mente, cuerpo y espíritu.

 

adds xpresion