Por qué es importante hablar de la depresión

El 2018, el año que se fue y jamás va a regresar nos dejó a más de una persona, experiencias y cosas increíbles por las cuales agradecemos infinitamente, deseando que lo que venga a nuestras vidas sea igual, o mejor.

Sin embargo, no podemos ignorar lo difícil que fue el año en muchos sentidos: desde un período de campaña política muy intenso -pues se vivieron las elecciones más grandes en la historia de nuestro país-, hasta una cifra de 760 carpetas por feminicidios del mes de enero a noviembre de 2018.

Bajo este panorama tan caótico, surgió una revolución sobre las opiniones y los estigmas que se tienen en nuestra sociedad acerca de las enfermedades mentales. Lo que se busca es que las enfermedades se dejen de romantizar o dejen de ser algo por lo cual avergonzarse, pues esto al contrario de ser bueno, puede llegar a ser un factor para que las personas que las padecen no hablen sobre sus síntomas al sentirse juzgadas o al contrario, demasiado cómodas con la situación.

La gota que derramó el vaso, fue que en julio de 2018, la Organización Mundial de la Salud pronosticó que para el 2020 la depresión será la primera causa de discapacidad en el mundo y la cuarta en países en vías de desarrollo como México. Podría sonar exagerado, sin embargo la depresión se ha convertido en un problema de salud pública, pues desde mayo del mismo año se descubrió que depresión tiene características similares a enfermedades como el cáncer o la diabetes tipo II: existe una predisposición genética que se desencadena por factores medioambientales.

Se sabe que, según cifras de la Organización Mundial de Salud (OMS) dadas a conocer en 2016, “los trastornos mentales comunes están en aumento en todo el mundo. Entre 1990 y 2013, el número de personas con depresión o ansiedad ha aumentado en cerca de un 50 por ciento, de 416 millones a 615 millones. Cerca de 10 por ciento de la población mundial está afectado, y los trastornos mentales representan un 30 por ciento de la carga mundial de enfermedad no mortal”. En México, estos padecimientos ocupan el cuarto lugar en complicaciones médicas, y la depresión es uno de los más frecuentes.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que 29.9 por ciento de los habitantes mayores de 12 años sufren algún nivel de depresión ocasional, mientras que 12.4 por ciento los experimenta de manera frecuente.
Además, la depresión es el principal problema en materia de salud mental pública por ser el principal padecimiento que afecta a las personas de entre 14 y 35 años y, sobre todo, por ser la primera causa mundial de suicidio y la cuarta como discapacidad, en relación con la pérdida de años de vida saludable.

En México las cifras son tan alarmantes porque se ha convertido en la primera razón para el deterioro en la calidad de vida de las mujeres y la novena de los hombres. A pesar de este fuerte impacto, las personas que saben que padecen depresión son muy pocas, pues como se ha mencionado antes, las enfermedades mentales se desestiman, las personas tardan en buscar la asistencia debida, y en ocasiones, cuando la busca no la encuentra.

Así pues, estas personas con trastornos mentales enfrentan otros retos dentro de una sociedad con estigmas, entre ellos se destaca la falta de oportunidad laboral, problemas interpersonales, dificultad para acceder a servicios de salud pública y la exposición constante a estereotipos que se difunden a través de medios de comunicación.

Sumado a los retos de estos trastornos, muchos pacientes psiquiátricos también deben lidiar con la falta de apoyo en el entorno social y familiar. La idea general de que los padecimientos mentales son menores o que pueden curarse con solo desearlo, con “echarle ganas”, es a menudo una fuente más de estrés y frustración para muchos enfermos y dificulta la búsqueda de la ayuda que tanto necesitan.

Si bien este es un problema que tardará en erradicarse, hay medidas que como políticas públicas se pueden tomar para tratar de evitar que los diagnósticos se hagan demasiado tarde para las personas, se tiene que asegurar que las personas tengan acceso a ayuda clínica, que sean diagnosticadas y posteriormente tratadas. Según un estudio, la genética aporta un 40% del riesgo a padecer depresión, mientras que el otro 60% es agregado por el entorno en el que nos desenvolvemos. Por esta razón es importante tener en cuenta que la depresión no siempre es un problema menor, puede haber casos tan severos en términos de su impacto sobre el individuo. Hay muchas acciones para a nivel personal prevenirnos de estas enfermedades, comer saludablemente, hacer ejercicio, rodearse de personas que nos  apoyen, pero indudablemente la medida más importante que como sociedad debemos tomar, es romper con los estigmas que existen sobre las enfermedades mentales. Debemos comenzar a verlas como padecimientos que existen, más de lo que creemos y que son tratables, como cualquier otra enfermedad.

 

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