Swinger ¿en qué consiste esta polémica práctica y cuáles son los riesgos?

En la realidad actual, existe una gran variedad de prácticas de todo tipo las cuales, se adecuan para a tipo de personas, según sus gustos y preferencias.

Se define “swinger” como “lo que oscila o va de un lado a otro”; por esta razón, este concepto se ha usado durante años para describir una práctica que también es un estilo de vida en donde una pareja estable decide establecer algún contacto sexual con un tercero o más personas. Suena bastante complejo, sin embargo, como la mayoría de las cosas, tiene sus propias reglas y derivaciones.

De acuerdo la obra de Terry Gould The Lifestyle: A Look at the Erotic Rites of Swingers, el intercambio de pareja comenzó entre los pilotos de la fuerza aérea y sus esposas durante la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, la práctica se ha extendido en Estados Unidos y Europa principalmente, y de ahí a muchos otros países, incluidos ahora México.

Como es una actividad que se realiza con la pareja estable, crece como fantasía de ambos o de uno de los miembros de la pareja, y es necesario en ocasiones pasar por un proceso de construcción del convencimiento y confianza mutua, de la caída o cambio de valores que lleve a superar los prejuicios o miedos que se tienen y, si se logra superar ese momento, comienza un juego en busca de la primera experiencia; si estos aspectos se ven forzados o sobreentendidos, generalmente los resultados serán negativos y hasta desastrosos para la pareja.

La idea del amor está asociada culturalmente a la posesión del cuerpo del ser amado: sólo nosotros disfrutamos de él y sólo el ser amado disfruta de nuestro cuerpo; así es, por lo menos, en la consideración general. Esta posesión física del otro tiene que ver con aspectos reproductivos y no sexuales en su origen, por eso, los swingers argumentan que los seres humanos estamos creados para la diversidad sexual y no para la monogamia sexual, y gracias a esta afirmación, se comienza a concebir al amor de una manera más profunda y menos posesiva.

Los humanos, generalmente vemos a la pareja como una unidad reproductiva y no como una unión de aspiraciones, proyectos y fantasías. Los swingers entienden que acompañarse es a la vez comprenderse y ayudar al otro a realizar aquellas cosas que lo hacen feliz o le aportan placer. Compartir no es entregar, dar un paso al costado ni perder nuestra posición dominante en el plano del amor, el cuál es el único sustento de la pareja swinger.

Los organizadores de grupos swingers afirman que la gran mayoría de las parejas que están en ese ambiente se inician estando bien en su sexualidad íntima e, incluso, fue el alza del deseo el que los llevó a buscar nuevos horizontes. El eje principal en el intercambio de pareja es “no” significa “no”. Esto quiere decir que el rechazo a una proposición sexual no requiere justificación y debe ser siempre respetada. La violación a esta regla, en ocasiones lleva a la expulsión inmediata.

Los riesgos que surgen radican básicamente en romper las reglas que como pareja se hayan establecido, como aferrarse a una persona lo que lleva a involucrar sentimientos que provocan incluso la ruptura de la pareja original; ocultar a la pareja encuentros solitarios; la falta del cuidado de la pareja evitando mantener prácticas de sexo seguro; la falta de complicidad, etc.

Finalmente, la fantasía de compartir a la pareja implica responsabilidad, respeto, comunicación abierta y clara, el establecimiento de reglas en conjunto y sobre todo, cumplirlas. Se requiere una madurez y solidez en la relación, y evaluar los riesgos que esta actividad tiene, así como de recordar que en el área de la sexualidad, practiques lo que practiques, hay tres reglas básicas:

1.- Sentirse pleno y satisfecho con lo que has decidido hacer.

2.- Que la pareja esté de acuerdo y se sienta plena y satisfecha con aquello que han decidido hacer.

3.- No dañar a terceras personas.

4.- Nadie puede ni debe obligarte a hacer algo que tú no quieras.

 

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