El stalkeo como herramienta de autoflagelación

Stalkear: anglicismo, proveniente de -to stalk- que en inglés significa acosar o acechar a alguien.

Ahora forma parte de nuestro vocabulario común pero, ¿qué implica en realidad este hecho de navegar por las nuevas tecnologías para descubrir más de una persona?

Probablemente una o dos veces te hayas tomado el tiempo de espiar sutilmente el perfil de una persona en concreto, scrolleando con mucho cuidado para evitar el contacto con el botón de “like”, esto es algo que las redes sociales nos permiten hacer y que se ha vuelto más común que nada. Sin embargo, el frecuente stalkeo en ocasiones puede resultar en dinámicas nocivas que nos afectan especialmente cuando rebasamos la línea que nos hace obsesionarnos con alguien en específico o cuando tratamos de superar una ruptura amorosa.

Este comportamiento obsesivo regularmente se hace con personas con las que nos comparamos o cuyas vidas habitualmente deseamos tener, sin embargo, estas son sólo imágenes maquilladas lo mejor posible para transmitir lo que la persona quiera. Está de más decir que en la mayoría de las redes sociales mostramos solamente los hechos positivos de nuestra vida. El problema no son precisamente las redes sociales en sí, sino en cómo las personas interpretan las imágenes que ven, sobre todo si aún no se desarrolla una madurez emocional suficiente como para no compararse con los demás, o peor aún, si la obsesión se mezcla con una decepción amorosa, que regularmente está relacionado.

Ante esto, nos preguntamos si las redes sociales y en específico el acto de stalkear están alargando los procesos con los que es posible superar una ruptura amorosa, pues el hecho de seguir a una persona y de saber cómo va su vida, lógicamente nos genera un impacto emocional que hace que esa persona siga presente en nuestros pensamientos de alguna manera. El superar una ruptura significa superar un duelo, y para superar el duelo la persona no tiene que estar presente, y el problema es que gracias al internet la persona puede incluso interactuar con nosotros ya sea con likes o comentarios.

Antes de que las redes sociales existieran, el stalkeo ya existía, se acosaba fuera de las casas o se hacían llamadas telefónicas. La única diferencia tangible, es que antes el único peligro era nuestro cuerpo, el ser vistos, ahora podemos casi ser invisibles, lo que nos da la libertad de movernos a nuestras anchas en el terreno virtual sin correr “riesgos”.

La próxima vez que decidas pasar tiempo revisando el perfil de Instagram de la nueva pareja de tu ex, piensa dos veces si vale la pena el desgaste emocional, y recuerda que lo que está en internet no es más que una máscara que no define ni el valor y tampoco la esencia real de una persona.

 

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